jueves, 13 de julio de 2017

Unas gotas de Lumineers y un torrente de Foo Fighters en Mad Cool 2017


Disfrutamos de lo lindo en Mad Cool, y que nadie nos mire mal, que nosotros estuvimos el 6 de julio de este 2017 en la Caja Mágica de Madrid. La víspera del negro viernes, día 7, cuando ocurrió una tragedia que ha ensombrecido todo el festival: la muerte del artista acrobático Pedro Aunión, a la que nos referiremos al final de este post. No había llegado, entonces, el mal rollo generado por este accidente, y ese día el cartel se anunciaba potente: dos figuras de primera fila que ansiábamos vivir en directo (Lumineers y Foo Fighters), gente interesante a la que prestamos atención (Foals, Belle and Sebastian), una pequeña decepción (Kurt Vile) y otros que no llegamos a ver aunque pretendíamos hacerlo (Quique González, nos arrepentiremos de esto, o Katfish and The Bottlemen). Porque en el recinto enorme no se llega a todo, si te quedas viendo algo chulo te pierdes otra cosa chula. Se juntaron 45.000 almas, que a primera hora de la tarde estaban más repartidas, pero al llegar la actuación estelar de la noche se apiñaban frente al escenario principal abarrotando la enorme explanada de falso césped.


Tras el diluvio, Lumineers hicieron salir el sol

Cayó lluvia furiosa, gotas gordas y pesadas lanzadas como misiles, sobre Madrid en las horas previas al inicio de los conciertos. Los accesos obligaban a pisar barro (no nos pongamos exquisitos, eso ya pasó en Woodstock en 1969). Se retrasaron las primeras actuaciones, y Lumineers eran una de nuestras bandas más ansiadas (os escribimos sobre ellos en este post). Esta gente de Colorado nos pone de buen humor al instante su folk con influencias bluegrass, ese sonido tan romántico y auténtico nacido en los Apalaches de los emigrantes irlandeses y escoceses, caracterizado por voces altas, a veces dos o tres en coro, de sonido desgarrado. Dijo de ellos Pepe Maza en Ruta 66 que "suenan a verde llanura, a tienda de campaña y a hoguera, a tabaco de liar, a venado a la brasa". Suelen dar conciertos muy emotivos, y a veces se meten entre el público a cantar, pero no fue el caso. Debido al aguacero y a lo apretado del cartel, acortaron en mucho la hora de actuación prevista, y se quedó en media hora, apenas siete canciones (aquí la lista). Una pena porque al día siguiente en Barcelona hicieron el doble: 14.
En Mad Cool empezaron con la bellísima Flowers In Your Head, y la segunda ya era su mayor éxito: Ho Hey. Siguieron cuatro temas de su segundo álbum Cleopatra (que nos excita menos pero tiene su valor, e incluye una pieza muy bonita, Sleep on the Floor). Así que sorprendentemente pronto sonó como última canción, ni bis ni nada, Stubborn Love, quizás el tema más bello que han escrito y que al público le encanta corear ("Keep your head up, keep your love"). Así que Lumineers nos iluminaron el día en un bello atardecer después de la tormenta. Pena que nos supo a poco, pero se disfrutó.
En Youtube quedó este testimonio de su interpretación de Cleopatra en Mad Cool. Y añadimos un concierto completo en Nueva Orleans de sus inicios (2012) porque nos mola mucho.





Sigue leyendo que viene más, incluido el plato fuerte de la noche: Foo Fighters...


viernes, 7 de julio de 2017

Lo mejor de Glastonbury 2017 en diez momentazos (y no, no se reunió Oasis)


Otra vez nos lo hemos perdido. Queremos decir que tampoco en 2017 hemos podido cumplir nuestro sueño de pasar cinco días en la campiña inglesa para seguir Glastonbury, el gran festival de rock a este lado del charco desde hace muchos años. Pero las 135.000 entradas se agotaron en menos de una hora mucho antes de que se conociera a los artistas que estarían en el cartel. Aún así, entre BBC2 (alguna web replicaba su señal para burlar el tema de derechos fuera de Reino Unido) y Youtube nos hemos podido hacer una idea de lo que hubo allí en este glorioso fin de semana. Así que vamos a seleccionar los diez nombres y momentos que más nos han llamado la atención para que los disfrutéis con nosotros.

Noel y Liam cantan 'Don't Look Bach in Anger' por separado

Es una tradición de Glastonbury que todos los años se especule con una reaparición de Oasis con los irreconciliables hermanos Gallagher. Y es una tradición que el rumor se quede en eso. Demasiado bonito para ser verdad: para hacerse una idea de la desastrosa relación entre ambos, seguid el Twitter de Liam, donde se permite pedir perdón en nombre de su hermano por su ausencia en el concierto-homenaje a las víctimas del atentado de Manchester. Eso es mala leche, y utilizar las desgracias en provecho propio. A lo que íbamos: Liam actuó en Glastonbury y dejó muy frío al personal porque su repertorio sin Noel es decepcionante. Como resulta que Don't Look Back in Anger se convirtió en un himno de los de Manchester tras el golpe terrorista, que la gente cantaba en las manifestaciones, Liam invitó al público a cantarla con él (no suele interpretarla en sus giras, supongo que porque la original tenia la voz de Noel). Y Noel no estaba en el cartel de Glasto, pero asistió a presentar el documental Supersonic, y también se animó a hacer lo mismo. Aquí los dos momentos de los Gallagher y un recuerdo de las concentraciones en Manchester. Y aquí la crónica del desencuentro.
Vale, Liam quizás fuera la voz de Oasis, un poco empeorada con los años, pero Noel era el alma de la banca. Y en concreto compuso y cantaba esta canción maravillosa, convertida en una especie de Imagine en el nuevo siglo.







Sigue leyendo que hay mucho más: Foo Fighters, Father John Misty, Lorde, Radiohead...

domingo, 18 de junio de 2017

La exhibición de Slash con Guns N’ Roses en el adiós del Calderón, templo del rock


Demasiadas emociones a la vez. Reencuentro con Guns N’ Roses con su formación (casi) clásica. Es decir, no la seudobanda impropia del mítico nombre que quiso formar a su alrededor Axl Rose con escaso éxito, y que solo pudo dar un álbum muy mediocre en 15 años, sino la formación legendaria que cuenta con uno de los mejores guitarristas de rock de todos los tiempos, un tipo con sombrero y largos pelos rizados llamado Saul Hudson y conocido como Slash (textualmente, "tajo" o "cuchillada", pero que se refería más bien a que era muy inquieto de niño, un viborilla). Ese grupo, decía, que cuenta con un cancionero grabado en nuestra memoria en los últimos años ochenta y primeros noventa; repertorio que ha envejecido, oiga, bastante bien.

Más motivos para la nostalgia: era nuestra despedida del Vicente Calderón, el gran templo del rock de estadio en Madrid, donde hemos vivido momentos muy emocionantes (Stones dos veces, McCartney, Dire Straits, Pink Floyd...). El Calderón acogerá un último concierto nada rockero (de Alejandro Sanz, el día 24) antes de ser demolido, algo que nos produce gran tristeza a nosotros, que no compartimos la pasión por los colores rojiblancos del equipo de fútbol local pero que siempre nos hemos sentido en casa allí, en esa casa del rock. Este aspecto tenía el recinto este 4 de junio de 2017 al atardecer, poco antes de empezar el concierto.


Queríamos habernos detenido en el primero de los teloneros, un jovencito llamado Tyler Bryant con su banda The Shakedown, pero las largas colas para el acceso, dada la alta seguridad imperante y comprendemos por qué, nos impidieron disfrutar de su blues-rock, así que le dedicaremos un post otro día. El segundo telonero, Mark Lanegan, no causó frío ni calor, pese a su correcto sonido, quizás porque tocaron en la penumbra mientras atardecía a su espalda y casi ni les veíamos (no tuvieron a bien activar para ellos las pantallas gigantes). Público no tan canoso como cabría esperar (más joven que el Rocktiembre, por ejemplo), camisetas negras por doquier. No habrá gustado a los atléticos que, justo antes de la actuación principal, por megafonía sonara el We Are the Champions de Queen. El público, sospechamos que en muy buena parte madridista, lo coreó con ganas 24 horas después de ver ganar a los suyos (que son los nuestros, sí) la 12ª Copa de Europa ante la Juve.

video

Ya hemos escrito que íbamos con respeto al Calderón, así que evitamos el recochineo. Quizás para compensar, a Axl Rose se le vio durante su actuación brevemente con una bufanda del Atleti (de la peña heavy metal Sons of Atleti, en concreto), único guiño a los locales, aunque sospechamos que los de California no estén demasiado puestos en fútbol español. Basta de anécdotas. Vamos con la música. Slash es un tipo que hace estas cosas. Descúbranse ante un genio.Aquí versiona, muy a su manera, la banda sonora de El Padrino.



¿Es que el concierto fue solo Slash? Bueno, no queremos despreciar a una banda que al fin y al cabo demostró ser bastante solvente. De la formación clásica solo había tres: el cantante Axl Rose (su aspecto se ha deteriorado estos años, está entrado en kilos, pero todavía saca partido a una voz muy personal), el citado héroe de la guitarra Slash y el bajista Duff McKagan. Faltaban, entonces, el segundo guitarrista y compositor Izzy Stradlin y el batería Steven Adler. Decir esto enfada a los fans de Stradlin, que son legión, pero a la hora del directo no se acusaron esas bajas. El tercero de los Roses tenía mucho más peso en la creación y el estudio que en el estadio. El morbo estaba en que volvieran a juntarse Slash y Rose, las banderas más notorias de este tinglado. Y dio la impresión de que Rose, que ya no está para muchas carreras, aceptó quedarse en un segundo plano y dejar los focos a Slash. Sigue leyendo y te contamos más.

sábado, 15 de abril de 2017

Brad Paisley, la megaestrella del country que se rio de Donald Trump

Ya sabéis que somos guitarreros: por eso ponemos en un altar a Brad Paisley. Para los que no lo conozcáis: es una estrella del country mucho más popular en EE UU que en el resto del universo, que tiene un dominio del instrumento que nos pone los pelos de punta. Dimos con él documentándonos sobre el sonido twang, del que nos había hablado El Twanguero. Es uno de los mejores exponentes. El twang es ese sonido como nasal de las guitarras eléctricas que es muy típico en el country. Y en eso Paisley es un maestro. Un ejemplo de su virtuosismo con las seis cuerdas, y del dominio del twang, es este fabuloso Nervous Breakdown, de hace algunos años (2007).



¿Qué os ha parecido? Si no os hace vibrar quizás es que tenéis algún problema en los oídos. Pero vayamos con la polémica. Sabéis que la gente del country suele ser rural y blanca, de rancho y revolver, el típico electorado de Donald Trump, vaya. Pero Paisley armó un buen lío burlándose del magnate en plena campaña. Pincha en seguir leyendo para saberlo todo.


lunes, 20 de marzo de 2017

Muy potente concierto de Blackberry Smoke en Madrid. ¿Los nuevos Lynyrd Skynyrd?



El rock sureño no ha muerto. En los años 70 esa corriente se asoció a un nombre difícil de pronunciar: los Lynyrd Skynyrd. En 1973, estos tipos de Alabama (Sweet Home, sí) irrumpieron con un grandioso disco llamado (Pronounced 'lĕh-'nérd 'skin-'nérd), así entre paréntesis. Tenían toda la energía del buen rock surgido de la década prodigiosa, hijo del blues pero con ese toque rural, o podíamos decir vaquero, que enlaza con el country. Guitarras rabiosas, riffs pegadizos y mucho slide. El Woodstock del golfo de México. Sudor pegajoso, punteos para más de una guitarra, banderas confederadas (entonces no se consideraba un emblema racista). Combinaciones inteligentes de ritmos bailables o atronadores y tiempos medios de aire idílico, a menudo en la misma canción. Los Lynyrd hicieron obras tan gradiosas como este Free Bird que duraba nueve minutos (en el disco), o más de 13 en directo. Entonces se podía hacer eso, que no éramos tan impacientes. Así sonaban en 1977.


Un terrible accidente aéreo en octubre de ese 1977 acabó con tres de los miembros de la banda, el vocalista y fundador Ronnie Van Zant y los hermanos Gaines (guitarra y segunda voz). La banda, que apenas había sacado tres discos y estaba en la cumbre de popularidad en EE UU, quedó destruida, salvo algunas apariciones de los supervivientes en algún concierto homenaje. Diez años después, en 1987, la banda reapareció con muchas caras nuevas y sustituyendo a Van Zant por otro Van Zant, su hermano Johnny. No volvió a ser lo mismo, ni se aportó nada de especial valor a su obra previa. Aun hacen sus giras y permiten recordar lo que significaron los ausentes. Da igual: los Lynyrd habrían estado en cualquier caso grabados en mayúsculas en la historia del rock.

Contamos todo esto porque hemos identificado a una banda del siglo XXI que parece heredera de aquellas señas de identidad. Son Blackberry Smoke, vienen de Atlanta (Georgia), han sido teloneros de los Skynyrd resucitados y de ZZ Top. Y pudimos comprobar sus cualidades en el concierto del pasado 7 de marzo en La Riviera, sala con solera a la orilla del río Manzanares en Madrid. Era la primera de sus noches en suelo europeo, antes de pasar por Barcelona, Alemania, Suiza, Suecia...

El rock sureño, constatamos, está vivo y coleando. Y aunque algunas camisetas rezaban el lema Too Rock for Country, too Country for Rock, lo cierto es que el concierto no sonó demasiado country para llamarse rock. Fue una gran descarga de rock ejecutado brillantemente por una banda que se asienta, que está en un momento dulce. Llevan cinco discos de estudio, todos muy cuidados, desde 2004. Nos los escuchamos en atracón para prepararnos para el concierto. Pero, primera sorpresa, su directo es mucho más cañero que sus enlatados. 


Aquí os dejamos un vídeo de uno de sus temas más celebrados, Restless, y seguimos leyendo después (para eso pone "sigue leyendo"). No es demasiado country, si acaso es un gran blues-rock. En busca de calidad de sonido e imagen, renuncio a grabaciones caseras de La Riviera piratillas y que irán desapareciendo de Youtube y en su lugar aprovecho directos recientes en EE UU en buen formato de los temas que escuchamos esa noche preprimaveral. Que sí, que sigas leyendo.

lunes, 2 de enero de 2017

Nuestras 10 grandes canciones de 2016: Drive-By Truckers, The Last Shadow Puppets, Silvia Pérez Cruz...


Ya está aquí nuestra selección de las 10 canciones del año 2016, con la que miramos atrás y aprovechamos para desearos lo mejor de aquí en adelante. Últimamente estamos un poco en modo Americana, pero seguimos picando de todo, así que os hacemos una selección de todo lo que nos ha obsesionado últimamente. Tratamos de combinar clásicos reaparecidos, bandas consolidadas y novísimos descubrimientos que nos han deslumbrado, que tiene que haber de todo en nuestra discoteca, faltaría más. Y al final la cosa nos ha salido variadita, quizás un poco suave para nuestras tendencias habituales, pero ya sabéis que no es tiempo de guitarras rabiosas, con algunas excepciones recogidas aquí.


Y la canción del año es....



1. Ramón Pasiano, Drive-By Trucker. Seguimos hace algún tiempo a esta gran banda norteamericana de la que no habíamos comentado nada en el blog. Sonido auténtico, rabia guitarrera, canciones trabajadas, aroma a carretera.... Esta es la canción que más nos ha gustado del que es posiblemente el disco del año: American Band.


Sigue leyendo y te damos nueve temazos más.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Adiós a un grande: el último viaje de Paul Simon triunfa en Madrid (no comparen con Dylan)

Era una de las poquísimas grandes estrellas que nos quedaban por ver (de las que podemos ver vivas, para Elvis tendremos que esperar la máquina del tiempo). Paul Simon, el talento creador y la voz grave de Simon & Gartfunkel, el hombre que nos descubrió África para la World music en los ochenta, reaparecido ahora con un disco meritorio, recorre el globo con la que, avisa, puede ser su última gira mundial. Normal, que este señor del folk cumple los 75 años y no es plan estar todo el día en la carretera o en los aeropuertos. Así que era una ocasión histórica. Hacía 25 años que no paraba en España. Lo hizo: pudimos disfrutar de un trabajadísimo concierto en el BarclaysCard Center (preferimos llamarlo el Palacio de los Deportes) el pasado 18 de noviembre.



Simon lleva tiempo fuera de los focos, pero es una figura clave del siglo XX, a la altura de muy pocos (en lo suyo, Dylan y poco más). Su voz ya no está para excesos, y tiene que bajar algunos tonos las canciones que entonaba con Gartfunkel, pero es un profesional como la copa de un pino. Banda solvente, con nueve músicos, que añade gotas de africanismo a algunos de sus temas que no los tenían originalmente. Repertorio bien elegido, de menos a más. Final soberbio (¡diez bises en cuatro regresos al escenario!) repleto de clásicos. Dejó un gran sabor de boca. Y la experiencia de habernos encontrado, por fin, con alguien que, escribe Fernando Neira, "es un veterano divino, uno de esos escasos seres humanos que sobrevivirá a la ignominia del olvido". Iremos viendo algunos vídeos, algunos piratillas (lo que duren en Youtube, ya sabéis cómo es esto) como el anterior de The Boxer, y algunos de mejor calidad, como este, de esta misma gira pero en Austin, del africano y muy bailable You Can Call Me Al. Y entre uno y otro comentamos lo que vivimos en Madrid.



La gente quiere mucho a Paul Simon. Como cuenta Ulises Fuente en La Razón"pertenece a esa mitad educada, culta y respetuosa de esos Estados Unidos partidos en dos hoy en día". Cierto: en una entrevista previa con Fernando Navarro en El País el músico había dejado claro su disgusto con la victoria de Donald Trump. "Temo las consecuencias de su elección. Respeto a quienes le han votado, pero solo veo en él un tipo autoritario, sin escrúpulos a la hora de mirar a su país y al mundo. La pregunta es: ¿qué nos pasa como país?". Nos esperábamos una reflexión así de alguien tan comprometido. Pero vayamos con el concierto y su contexto.

domingo, 23 de octubre de 2016

La crónica de Rocktiembre: grandes Burning y Ñu, mejor Topo que Asfalto, mal Barón Rojo


Hemos tardado pero al fin hacemos balance de Rocktiembre 2016, evento de nostalgia de aquel movimiento de rock urbano de los años de la transición que se llamó El Rollo. Los grandes medios lo cubrieron con previas pero no vieron oportuna la crónica posterior, así que nos ocupamos. El 17 de septiembre de este 2016 acudimos a un homenaje muy merecido a una generación que abrió paso a codazos y que luego pasó al segundo plano cuando estalló la Movida madrileña. Fue injusto, porque la generación de los cuarentañeros (y algún cincuentón) quedó marcada por sus himnos de rebeldía y liberación. Como ahora lo que más se lleva en el negocio musical es el revival, era el momento de volver a aquella gente que con tanto mérito rompió la grisura del tardo y posfranquismo. El cartel, muy atractivo: Coz, Topo, Ñu, Barón Rojo y Burning. Aquí os dejamos un breve vídeo que resumen el evento, la crónica (esa sí) del Telediario, y enseguida entramos en el detalle. Más abajo veréis un vídeo mucho más completo.



La plaza de toros de Las Ventas en Madrid estaba a reventar: muchas canas y calvas entre el público, camisetas negras... todo el ritual del rock setentero. Hasta tal punto estaba emocionado el público que coreaba las canciones que sonaban por megafonía entre un concierto y el siguiente, muy en particular Maneras de Vivir. Canción del gran ausente, Rosendo. Al frente de Leño, el de Carabanchel cerró la edición original de Rocktiembre, celebrada en 1978, con ese lema de Es una mierda este Madrid.
Entonces el cartel lo completaban Mad, Cucharada, Coz y Topo. La crítica de la época no quedó muy emocionada: esta es la fría narración que publicó entonces El País, que solo destaca a Teddy Bautista. Por lo demás, aquello fue una sucesión de "grupos de rock bestia capaces de hacer bailar o de meter ruido en una maravillosa noche de otoño".
Aquella edición, es cierto, fue un caos organizativo: en la plaza de Vistalegre se coló casi todo el mundo, cuando la recaudación debía destinarse a un sindicato de músicos. Algún medio, por cierto, se confundió al afirmar que las bandas de este Rocktiembre eran las mimas que las de 1978. No señor: solo han repetido Coz y Topo. Aquel evento quedó inmortalizado en un documental llamado Nos va la marcha. Si tenéis una horita libre aquí os dejamos el vídeo íntegro.




Vamos entonces con todo detalle con la edición de 2016, que organizó Rock FM y que condujo el gran Mariskal Romero, figura clave del rock español de la época, tipo con carisma, el impulsor del mítico sello Chapa Discos.

martes, 26 de julio de 2016

Una noche mágica con Rod Stewart bajo las estrellas en Cap Roig

Ese canalla romanticón volvió a enamorarnos. Hacíamos las maletas para ir a ver a Rod Stewart con un punto de escepticismo: sus mejores años están muy lejos, sus últimos discos nos habían dejado fríos, incluido ese de versiones a lo crooner que parecía un recurso fácil de artista maduro para hacer dinero y no convenció a nadie. Lo último que firmó fue un elepé correcto sin más, Another country, que no ayudó a generar grandes expectativas. Tampoco Rod, perdonen sus fans más entregados, ha sido en realidad un número uno. Sí tiene un buen puñado de canciones memorables. Tiene carácter, personalidad, descaro, ese pelo de punta amarillo chillón, esa voz rota adorable. Pero sobre todo es un pedazo de profesional, y nos hemos fustigado tras el concierto por ponerlo en duda.
El escenario, idílico. Cap Roig, la finca gerundense en la que un millonario ruso construyó un castillo para su princesa rodeado de pinos frente a un mar abrupto. La noche del 9 de julio de 2016, perfecta, presidida por el glamour. Mucha gente guapa en el festival. Primera sorpresa: antes que Rod aparece en el escenario su big band: mucha gente con mucho talento. Coristas que cantan, bailan y llenan el escenario. Despliegue de instrumentos: violines, mandolinas, arpas cuando hacen falta, también en manos de mujer. Y para el rock una banda masculina no tan básica: dos guitarras, dos baterías (hasta tres llegaron a coincidir en la percusión), bajo, saxo y teclados. Sonido compacto, completo, envolvente. En total doce músicos sobre el escenario. Aquí os dejamos un vídeo resumen de Efe para que veáis el ambiente, y enseguida entramos en detalles.


Lentejuelas, tacones, chaquetas brillantes. Muy al estilo Las Vegas. Por un momento pensamos en Elvis, en Sinatra, en esas figuras sin igual que se rodeaban de muchos músicos para apabullar al público. Lo que no quita protagonismo al líder, sino que lo refuerza. (Lo de Las Vegas no es una licencia: es que va a encadenar nueve conciertos en el Caesar Palace en agosto).
Segunda sorpresa: hubo versiones, sí, él siempre las ha hecho, pero las de toda la vida, y casi nada de sus últimos discos. Nada del último, cosa extraordinaria en estos tiempos (y que agradecimos, aunque hay ahí un reagge simpático y alguna de aires celtas que habría encajado).
El concierto, entonces, se basó en exprimir el repertorio propio más clásico, el de ese rockero de los setenta (compañero de Ronnie Wood el Stone en los Face) que coqueteó con la estética punk en los ochenta pero desde esa facha se entregó a su lado romántico.

sábado, 4 de junio de 2016

De Paul McCartney amamos hasta sus defectos: fabulosa fiesta beatle en Madrid

Tiene tal cancionero a su alcance Paul McCartney que puede permitirse el lujo de prescindir de Get back, de Sgt Pepper's, de Penny Lane, de All my loving, de Drive my car, de Michelle. Porque aún así tiene material de sobra para llenar de temas inmortales las 2.40 horas de conciertazo como el que este 2 de junio de 2016 -fecha para recordar- vivimos en el Vicente Calderón. Imposible que quepa en ese lapso todo lo bueno que ha creado el más grande compositor vivo. Hubo mucho de los Beatles, en todos los registros, algo más de la mitad de las canciones. Y Paul se entrega: no para ni para beber agua, domina todos los estilos (más rockero o más baladista, sus dos caras), toca todos los instrumentos salvo la batería, es cercano al público ("Qué pasa, troncos", "Buen bolo", dice en aceptable español). El público del Calderón (¿volveremos a pisarlo?) también se entregaba, puedes comprobarlo en este castizo "oé-oé-oé" que Paul tuvo a bien seguir a la guitarra y subir a su canal de Youtube como gran recuerdo de la noche.



Fue una fiesta fabulosa. Solo cabe reprocharle -lo hacemos desde la admiración- algún momento con exceso de azúcar de esos que irritaban a John Lennon. Por ejemplo eso de sacar a dos novios a una pedida de mano en el escenario, truco que delata su cara más sentimentaloide y que ya utilizó en París. Pero pelillos a la mar: fue un conciertazo. A ver cómo digo esto: un concierto hoy de Paul es un espectáculo mucho más cuidado y completo (técnicamente) que los conciertos de apenas 50 minutos que ofrecían los Beatles en sus giras cuando ya eran un fenómeno. Aunque, es verdad, daríamos un riñón por vivir aquella experiencia histórica.
Acompañaremos esta crónica con vídeos del concierto de esos que aparecen en Youtube y desaparecen en cualquier momento, así que esperemos que duren lo suficiente para que los pinchéis. Este resumen de Efe es breve, recoee el principio y no parece de esos piratillas que luego borran.




Para vivir lo que podría ser un concierto de los Beatles, entonces, no hay nada como uno de Paul. Ninguno de sus colegas lo hizo como él. Durante su carrera en solitario, Lennon siempre evitó recurrir a sus éxitos con los Fab Four, y apenas metía una canción o dos (Come together o Yer Blues) firmada con sus compañeros, rebelde como era él hacia su propio mito; Harrison explotaba más su brillante aunque corto repertorio como compositor beatle; ambos nos dejaron hace demasiado tiempo. McCartney no tiene reparos en agarrarse a la beatlemanía, consciente como es de que su carrera en solitario tiene menos tirón, con algún momento brillante también, pero no moviliza a las masas igual. Nosotros ya habíamos disfrutado de una noche beatle con el gran Paul en 2004 (La Peineta, Madrid) y en 2010 (Hyde Park, Londres). Volvimos a envolvernos en su magia. A punto de cumplir los 74 (podía haber adaptado lo de When I'm 64) McCartney sigue en plena forma, arropado por una banda sólida. Y, como los Stones, sin necesidad de apoyarse en nuevas canciones (sí ha sacado un doble recopilatorio de su carrera en solitario), lo que le permite entregarse a la nostalgia sin disimulo. Sigue leyendo y te lo contamos todo.